Corrupción, Crisis Institucional y Asamblea Constituyente

Profundizar en la actual crisis de legitimidad institucional y sus posibles salidas, fue el objetivo del reciente panel “Corrupción, crisis de legitimidad institucional y Asamblea Constituyente”, donde intervinieron el sociólogo Alberto Mayol, el historiador Sergio Grez y la abogada Claudia Iriarte.

Mariel Sagredo
Periodista

Fue la primera actividad del Foro por la Asamblea Constituyente y de la Fundación Constituyente XXI, que organizaron la Escuela Nacional de Monitor@s para la AC, que se desarrollará todos los sábados hasta julio en la sede de la Mutual de Trabajadores del Transporte de Chile (Cueto 138).

Alberto Mayol dio el punto de partida refiriéndose a “las tres patas” de la crisis: una institucional, una de elite y una del modelo. Estas, manifestó, son clave en qué vaya a ocurrir: “Los chilenos que no confiamos mucho entre nosotros confiábamos en las instituciones y, ahora, decimos que tampoco son confiables. Frente a ello la única solución es la politización de la sociedad; sin embargo, los chilenos están odiando la política y hay una primera paradoja difícil de resolver”, argumentó.

Entonces, preguntó ¿Cómo inyectar legitimidad al sistema? Y, contestó, “para mí no hay ninguna otra alternativa que la Asamblea Constituyente. Lo que tiene de bueno es que va a ocurrir, lo que tiene de malo es que las elites tratarán de tomársela”.

Caminando hacia la AC

Planteó Mayol que el hecho que se haya propuesto disolver el actual Congreso, es señal de que se camina hacia la Asamblea y hay que prepararse para disputar ese espacio: “Estamos viviendo una oportunidad que no hemos tenido en décadas, pero si no logramos politizarla la dejaremos pasar; hay que hacer un plan cuadrante de la politización y desarrollo de constituyentes”.

Precisó el sociólogo que con avances y retrocesos siempre hemos estado en un eje portaliano. Esto es, “en la discusión de qué significa la relación entre política y negocios y, ahora, podemos romperla. Jaime Guzmán reactualizó la doctrina portaliana ante las dinámicas fácticas de la dictadura. Decidió sintetizar en una misma constitución tanto las dinámicas del libre mercado como su necesidad de una sociedad autoritaria que controla desde la elite los procesos democráticos”.

Señaló que esta oportunidad de cambiar de eje, se expresa en que se derrumba la institucionalidad y la legitimidad de base de la elite política chilena. Pero lo negativo es que el grupo disidente no tiene capacidad organizativa para tomar el proceso en sus manos: “Y, eso, hace viable la presencia de Lagos, o de un nuevo ibañismo con Ossandón, aunque sea en el imaginario, y lo que no ha hecho viable es la conversión de los grupos disidentes en un `Podemos´”.

Para Mayol, quedó en evidencia que no hay conflicto entre izquierda o derecha sino entre ciudadanía y elite.

Constitucionalismo social

Por su parte, la abogada y docente la Universidad de Chile, Claudia Iriarte, afirmó: “lo que está en crisis es el modelo de salida de la dictadura. Aquí no hubo recambio sino proceso de continuidad; es más, todas las reformas se hicieron para darle una mejor salida y condiciones de existencia al modelo. Con eso, la democracia se hizo cómplice en mejorarlo y las reformas que se plantean hoy son solo para seguir manteniéndolo”.

Añadió que este modelo se empieza a instalar el mismo `73, con las Actas Constitucionales, y que decanta en la Constitución del `80. Precisó también Claudia que no hemos salido del modelo portaliano y que hoy se funciona con un sistema de parches en la Constitución (al quitarle el Consejo de Seguridad Nacional, los senadores designados y la Doctrina de Seguridad Nacional) pero que este sigue en la base.

Planteó que se requiere una Asamblea Constituyente, pero que la nueva Constitución debe ser producto de un debate que implique una construcción desde la sociedad, “es fundamental que el proceso de articulación sea desde la ciudadanía -que es política-, y que tiene un proyecto de sociedad que se discute, y que se articula sobre la base de una Asamblea Constituyente, donde se establece el tipo de sociedad que quiere el colectivo, y que se expresa en un modelo constitucional y después desemboca en un texto constitucional”.

La abogada Iriarte señaló que la Constitución de 1925, aunque fue construida bajo un proceso de elite, recogía parte de la demanda y la problemática social de ese momento, que se manifestó en un incipiente “constitucionalismo social, con algunos elementos como la existencia del rol social de la propiedad y la posibilidad de expropiar no solo por utilidad pública sino también por necesidades de la sociedad”. Por ello, indicó que la base actual del debate tiene que ir hacia la “profundización del avance del constitucionalismo social”.

La corrupción

El historiador Sergio Grez, matizó conque durante el Imperio Romano reinaba el soborno, la extorsión, el clientelismo, la coima y otras prácticas censurables, desde los funcionarios más bajos hasta el propio emperador. En ese marco, continuó, cuando era muy evidente la corrupción, el funcionario descubierto podía ser exiliado perdiendo su patrimonio y su ciudadanía y como aún le quedaba algo de pudor, “muchos preferían perder la vida antes que su dignidad y se autoeliminaban”.

Ante las risas de la concurrencia, precisó que eso no ocurriría en Chile, pero que era importante distinguir el concepto de corrupción en el contexto de la cultura política de cada periodo. Explicó que habría tres niveles de corrupción: de la función pública, que es una violación de la confianza expresada en el clientelismo o desfalco; de la función mercantil o económica, que consiste en maximizar las ganancias afectando el interés público (como la colusión de las farmacias), y de la corrupción del interés público, que consiste en violar los intereses de la comunidad a favor de unos pocos.

“Corrupción no es solo el robo de los recursos del Estado sino también el menoscabo de las normas de la institucionalidad y de las leyes en beneficio de intereses particulares. Cuando se convierte en estructural y daña el comportamiento de la sociedad y de sus instituciones, y es percibida como intolerable por la mayoría, la corrupción puede ser un factor de desencadenamiento de crisis institucional”, manifestó.

Las salidas

Sergio Grez afirmó que la forma superior de una crisis política es la institucional y que ya “estamos a sus puertas si es que no inmersos en ella”. Aclaró que en una crisis de este tipo es fundamental la pérdida de confianza y de legitimidad de las instituciones, entendidas estas no solo como aparatos y no solo como un conjunto de normas y procedimientos.

Pese a coincidir con su análisis general, el historiador señaló no estar igual de convencido que Mayol, conque la salida será la Asamblea. En cambio, ve que el escenario se está configurando hacia un acuerdo nacional, con reformas legales que impliquen leyes anticorrupción, que se sacrificarán algunas cabezas (“las más comprometidas”) y donde puede llegarse hasta que un parlamento binominal corregido elabore una nueva Constitución. En ese sentido, enfatizo, que no era eso lo que se buscaba, “lo que queremos es una Asamblea Constituyente como expresión del poder constituyente del pueblo, no elegida por sufragio binominal ni armada en una cocina”, concluyó.

Infusam N° 8- Mayo 2015

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