¿El retorno al Estado Tapón y disuasor?   

Por Julio A. Louis

Cuando aún resonaban los cánticos de algarabía por el triunfo del tercer gobierno del Frente Amplio –y entre ellos los de dirigentes y militantes destacados, dando razón al dicho que no hay peor sordo que el que no quiere oír- Vázquez anticipa que sus anuncios serán  ejecutados, desconociendo  las raíces y fundamentos del F. A., antiimperialistas, antioligárquicos y contra el gran capital. A tales fines, designa a un gabinete con estrechos colaboradores, al tiempo que el futuro  Canciller Nin Novoa  -que juega “de taquito” con el presidente- realiza  declaraciones preocupantes para Brasil,  Argentina y la región, recibidas con alborozo por Estados Unidos y los reaccionarios locales.

Durante la campaña electoral se dijo que había  un acuerdo para no  incursionar en la política internacional. Haya existido o no tal acuerdo, es evidente que ese aspecto siempre queda enclaustrado en pequeñas elites, como cuestiones que no interesan al pueblo,  preocupado sí por el trabajo, la educación, la seguridad  o la vivienda. No obstante,  es obvio que sin definirse la situación internacional mal podrán programarse las “cuestiones internas”.  A modo de ejemplo no son iguales los recursos y las fuerzas destinados a ellas, si el país goza de un período prolongado de estabilidad y paz, o si enfrenta un conflicto; si  el país está en la órbita de una sola potencia, o si existe una lucha áspera entre varias.

La primera transición: de Batlle a Vázquez

Cuando Vázquez asume la primera transición presidencial  (2005) la región se encamina hacia rumbos opuestos  a la tradicional subordinación a EE.UU.  Chávez desbarata un golpe de estado (2002), Lula y Kirchner firman el Consenso de Buenos Aires (2003) antagónico al de Washington, y ambos mandatarios en abierto apoyo a Vázquez, aprovechan un encuentro gubernamental con Jorge Batlle en Montevideo, para fotografiarse junto al político desafiante. El “populismo radical” según el Comandante del Comando Sur, entre otros hechos se expresa en  ese Consenso de Buenos Aires “porque prioriza los intereses de los países pobres frente a las obligaciones económicas y democráticas internacionales de esos Estados”. [1] Mientras tanto, Bush mantiene su “guerra preventiva”, se incrementa la pugna económica entre los componentes de “la Tríada” (EEUU, Unión Europea y Japón) y China avanza como potencia.

La función de Uruguay para EE.UU. –heredero de la política británica- fue y es desintegradora. El tono bajo el gobierno del Dr. Jorge Batlle la sintetiza “El Observador”: “Parece estar tomando cuerpo una natural alianza uruguaya de hecho con EE.UU. ante Brasil y Argentina en torno al comercio.” [2]  Pero el discurso inaugural de Vázquez marca otro rumbo: “el compromiso con el Mercosur y el carácter prioritario del proceso de integración como proyecto político estratégico en la agenda internacional del Uruguay.” [3]

Carlos Marx explica que cada “cada paso del movimiento real vale más que una docena de programas”. [4] Y, pese a los anuncios,  los pasos de Vázquez son esclarecedores: en Mar del Plata, cuando los cuatro del Mercosur más Venezuela rechazan el ALCA (2005), firma un Tratado Bilateral de Protección de Inversiones con EE.UU., equivalente a medio TLC según Astori;   encara la firma de un TLC con EE.UU. urgido por ser “el último tren”, al que deberá  renunciar por la movilización popular, la resistencia del Canciller Gargano y la presión de sus vecinos; o aún más categórico, en pleno conflicto con Argentina – planta de celulosa de Botnia de por medio- apela al apoyo de Bush ante la eventualidad de una guerra. Por fin,  Gargano – criticado por la reacción- es sustituido por Gonzalo Fernández, hombre de confianza del presidente y elogiado desde la Embajada de EE.UU.

La segunda transición: de Vázquez a Mujica

La segunda transición de Vázquez a Mujica es precedida por  la propuesta del primero   de la “fórmula ganadora”: Astori y Mujica. Astori, líder de una tendencia  entusiasta del `modelo chileno’, promotor del Tratado Bilateral de Protección de Inversiones (aprobado), del Tratado de Libre Comercio (no aprobado), del TIFA y de los acuerdos en el marco del TIFA aprobados, de la orientación económica basada en las inversiones extranjeras,  de “abrir” al país con tratados y zonas francas,  de retroceder al MERCOSUR a una Zona de Libre Comercio. La fórmula la completa con  Mujica, consciente de la heterogeneidad del F.A. y de la segura derrota sin su presencia.

Pero la respuesta del Congreso del FA y de la ciudadanía en las internas es la rotunda victoria de Mujica y la derrota de Astori.  También fracasa un movimiento reeleccionista.  Fernández Huidobro,  advertía  que es “muy probable que esté naciendo una nueva fuerza política (el vazquismo).  Lo de la unidad y muy en especial, lo del consenso, también van quedando averiados (…) y la militancia desubicada como Adán en el día de la madre (…) Estamos ante un hecho consumado (…) un momento crucial, de grandes cambios en el FA.”  

¿Qué rol cumple Mujica? Desde antes de asumir la presidencia viaja a Buenos Aires y deshace el “entuerto” de la “guerra” contra Argentina, levanta la oposición de Vázquez a la candidatura de Kirchner para la UNASUR, se acerca a Brasil hasta graficar las relaciones con la expresión de ir “en el estribo” del gigante sudamericano, recoge las tradiciones internacionalistas y nacionalistas de la izquierda. Desde Arismendi con “la revolución continental”, desde Trías con la “integración para la liberación” desde Methol con el “enanismo o  integración”,   desde Quijano y su prédica de la Patria Grande, la izquierda  se ha opuesto a la visión  oligárquica de la “uruguayidad” disfrazada de “orientalidad”, defendida entre otros por Lacalle Herrera, para quién la derrota del federalismo artiguista solo deja en pie a la patria oriental, visión emparentada con la de la “excepcionalidad” del país “Suiza de América”.

Además Mujica fija otra relación entre el gobierno y el F.A.: “Lo importante es qué queremos: ¿partido de opinión o fuerza que contenga militantes?” Y marca diferencias: a Vázquez  “lo sacaron de La Teja  lo rodearon de asesores. Es posible que no haya tenido el olfato de ver más abajo, la estructura del FA es gloriosa, hay que respetarla.” “Me siento representante de los astrosos, de los desarrapados, de los incultos (…) Sé que cometen errores en pila, pero son los míos.” “Yo tengo más flancos […] pero tengo el inmenso honor de haber puesto la carne en la parrilla… Yo pertenezco a esa generación de tipos que se pueden haber equivocado, pero pagamos por eso. Y no reclamamos nada.”

Después Mujica apoya el regreso  de Vázquez… Y pese a sus volteretas  (algo así como  la marca Mujica)  se alinea con la UNASUR, con el Mercosur y  recibe la admiración mundial.  Un  hecho muy significativo es cuando acompaña a Argentina y Brasil en la Cumbre de Mendoza (2012) y suspenden al Paraguay golpista e  ingresan a Venezuela, admitiendo lo probado por la historia, que la política antecede al derecho.    

 La tercera transición: de Mujica a Vázquez

La tercera transición se presenta como un notable retroceso, y muy en especial, en la visión nuestro-americana, mientras resurge el rol de Uruguay Estado tapón, y aún peor, el bosquejado por los círculos militares reaccionarios de Estado disuasor al estilo de Israel, contra sus vecinos. Detrás, como teoría mentecata, domina la ilusión que Uruguay puede ser “país de primera” sin romper la soga imperialista que lo asfixia.

Como bien expresara Oscar Botinelli tras el veto presidencial a la ley de salud sexual y reproductiva “Tabaré Vázquez es un cuerpo extraño en la izquierda uruguaya cuyos valores más profundos no comparte”. Obviamente la condición de cuerpo extraño se extiende al concepto de integración nuestro-americana, o a la lucha contra el sistema capitalista.

Y ahora su  primer paso del movimiento real es sacar del medio al FA, dar por hecho que  “el cordón umbilical” está más que cortado entre el gobierno y el FA. Gobernará él, con tres figuras claves. Astori, ariete del “regionalismo abierto”, que en los últimos años se ha manifestado contrariado por el ingreso de Venezuela al Mercosur y la suspensión del Paraguay tras el golpe “parlamentario”, y que es propulsor del ingreso pleno de Uruguay a la Alianza del Pacífico. Nin Novoa que “en lo personal” (¡declara como electo canciller!), está de acuerdo con trabajar un TLC con EE.UU., reclama mucha atención hacia la Alianza del Pacífico, propone “estudiar con cabeza abierta y sin prejuicios” el ingreso a ese bloque, y recalca que “no nos vamos a cerrar a nada”. Además, en su primera actividad  asiste a despedir a la embajadora norteamericana, Reynoso, quien precisa  que “no sé si se va a llamar TLC”,  dato clave para disminuir  la oposición al tratado. Y Fernández Huidobro, víctima del síndrome de Estocolmo, complaciente con los círculos reaccionarios militares, que  refrenda el Estado disuasor  al promover una base naval en el puerto de Fray Bentos.

Uruguay pues camina hacia la pérdida de soberanía con espejismos varios: el TISA (sigla inglesa de un tratado de  servicios comerciales) nueva modalidad del “libre comercio”, la Alianza del Pacífico, el Acuerdo Marco de Defensa con EE.UU., que se ha estado negociando para sustituir al Convenio Militar de 1952 y el Acuerdo Logístico ya firmado, que está a la espera de tratamiento parlamentario, en la lógica del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) de 1947 y en el espíritu de la guerra fría, ahora enfilado contra China y Rusia. Pero de todos, el mayor espejismo es ideológico  (de los que dicen no querer “ideologizar”): la excepcionalidad uruguaya.

Me permito auto citarme: “El camino del gradualismo reformista igualmente, se ha basado en protagonistas y en circunstancias también disímiles. El más extendido ha sido el de la socialdemocracia europea. En otro marco geográfico, social, político, el batllismo ha obtenido ciertos éxitos. La situación concreta uruguaya actual, ¿tiene afinidad con algunas de estas experiencias reformistas? ¿Qué significado tendría hoy un nuevo batllismo? (…) La cuestión radica en que el imperialismo y sus aliados nos cierran esa vía (…) Por eso, las clases, sectores e individuos que se ubican en la vanguardia ideológica y política, deben bregar por profundizar las transformaciones que transitan al socialismo. No transitar esa senda equivale a cavarse la propia fosa. Jorge Árrate, candidato presidencial chileno en 2010 por los “Socialistas Allendistas-Frente Amplio” ha subrayado la derrota de la Concertación y de los socialistas, porque éstos no pudieron hacerla de izquierda (anticapitalista) y aquélla degeneró a éstos. Las consecuencias para el pueblo son que como nunca la derecha está más fuerte, la izquierda más fragmentada, sin rumbos y desmoralizada y la apatía popular se traduce en que la mitad de las mujeres y hombres en edad de votar no se inscriben en el padrón electoral No repitamos esa experiencia.” [5]       

Uruguay se aleja de sus vecinos que comprenden que la unidad continental se basa en una integración para la liberación y no para la servidumbre. Y que firman acuerdos con los rivales de su enemigo, Rusia y China. Mientras, la  recomendación de la conservadora Fundation Heritage en el gobierno de Bush,  de atraer a Vázquez y Astori, parece haber rendido frutos. EE.UU. intenta repetir en Uruguay la cooptación  que ha llevado  a la capitulación del gobierno de Lucio Gutiérrez en Ecuador. O conducente a que Uruguay asuma la postura de Chile, condicionado en términos económicos, políticos y militares por EE.UU. Las señales del tercer gobierno  no permiten que se le trate con guante blanco: el gobierno de Vázquez  apunta  a que Uruguay reasuma su rol de Estado tapón y disuasor.

Desde el anticipado verano uruguayo las masas populares tendrán que hacer el durísimo aprendizaje de descubrir que quienes creían tener como dirigentes confiables  defienden intereses opuestos a los suyos. La experiencia concreta, y solo ella, será capaz de “despertar a los mamados” al decir de Topolansky. Para que los daños no sean irreversibles, se vuelve imprescindible acompañar y activar ya la resistencia popular.

[1] General James Hill, Informe Especial de “La Juventud” del 16/5/2004. Página 8.

[2] Editorial  de “El Observador”, “El Alca no quita lo bilateral” (2/4/2001)

[3] “La República”. 2/3/2005. Página 9.

[4] “Crítica del programa de Ghota” (1875)

[5] Julio A. Louis. “Batlle y Ordóñez: apogeo de la democracia burguesa. Del batllismo  relegado al reformismo renacido”. ARCA Editorial. 2011.  FIN 147

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